“Algo que vale la pena”

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John Burroughs, un ensayista y naturalista estadounidense del Siglo XIX, dejó
este pensamiento: “Un alguien fue una vez un nadie que quiso y lo hizo”.

Es una frase que ha permanecido en el tiempo por su alentador significado, pero recientemente adquirió para mí una relevancia inusitada.

Sucedió uno de esos días de trámites ineludibles que debemos realizar en persona, aun en medio de la pandemia. Como teníamos un tiempo de espera antes de ser atendidos, guardábamos distancia y nos mirábamos sin mucho disimulo, tratando de reconocer a alguien detrás de los barbijos y comunicarnos, aunque fuera solo por medio de gestos, para acortar el tiempo.

De pronto, una señora se apoyó en la pared exclamando con respiración
entrecortada
:
-Me siento mal…
Su voz acompañó el deslizamiento de su cuerpo, hasta que quedó inerte en el
suelo.

Fuimos invadidos por el pánico, quedamos inmóviles, como posando para una
foto macabra. Solo un joven se precipitó junto la mujer y, después de comprobar su estado, descubrió el rostro de ella y comenzó a hacerle presión con fuerza y rapidez en el pecho con ambas manos.

Una voz se escuchó, estridente, desde atrás:

– ¡No, Gustavo! ¡Aléjate, te vas a contagiar!
Él continuó con su tarea sin titubeos.

Mientras tanto, alguien había llamado a emergencias desde su sitio y pronto llegó la ambulancia. En unos minutos, la señora había sido trasladada.

Es probable que no llegáramos a saber si tenía Covid 19, pero el posible riesgo se había alejado. El ambiente recuperó con rapidez su aspecto cotidiano. Sin embargo, eso no sucedía en lo profundo, eran solo apariencias; la vida tenía otro valor intrínseco a partir de ese momento. Nada era como antes, la esencia de un ser valioso había salido a la luz.

El haber presenciado el surgir de un espíritu generoso que no fue vencido por los riesgos, me hizo comparar esa magnitud con nuestra mezquindad cotidiana y sentirme complacida porque ese día conocí a un alguien, Gustavo, un nadie que quiso y lo hizo.

Edith Montiel, escritora.