“La Industria de la Enfermedad”

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Nuestra naturaleza es la naturaleza misma. Somos seres vivos y funcionamos como tales en todo sentido. Tenemos un intercambio con nuestro medio como cualquier organismo vivo.

Nuestro cuerpo se repara a si mismo todo el tiempo, como cuando cicatriza una herida, todo en el universo tiende a repararse, a restaurar el equilibrio continuamente. Tenemos la capacidad de repararnos y sin embargo las enfermedades crónicas ponen en evidencia que esa capacidad se ha debilitado. ¿Cómo llegamos a perder la capacidad de auto reparación? Si fuéramos una fábrica y de repente la basura  que generamos se acumula, el servicio de limpieza (el sistema excretor) no da abasto, el servicio de detección de agentes dañinos no discrimina e incorporamos basura a la fábrica, el servicio de auto conservación ha sido reprimido y nos autodestruimos.

“Escribo esto y me vuelvo a sorprender que sea así”.

Dr. Sergio Viale

La industria alimentaria surge, en el mejor de los casos, como facilitador de lo práctico, de hacer por nosotros el proceso de procesar alimentos, poniendo la idea del ahorro de tiempo y también nos propone sugestivamente que la comida industrial tiene aditivos como vitaminas y minerales que “necesitamos” y solapadamente pareciera que es un alimento mejor que los provistos por la naturaleza.

La comida industrial se publicita como libre de bacterias, hongos y virus; lo que no se dice es la cantidad de aditivos que tiene, conservantes, colorantes, edulcorantes, acidulantes, emulsionantes, etc. Tampoco están especificados los efectos de estos aditivos en nuestro organismo. Claro está que en la porción recomendada el efecto es mínimo, sin embargo en la suma de porciones de alimentos industrializados que una persona consume en un día, la proporción de aditivos es muy alta.

Poco se habla de los efectos en el sistema nervioso, en el metabolismo celular, en el riñón, en el hígado, en los pulmones, etc. Poco se dice de los efectos carcinogénicos.

Dr. Sergio Viale

De eso no se habla porque hay algo a lo que nos hemos adaptado en nombre del confort. La comodidad de no preparar alimentos y comprarlos ya preparados seduce y vela nuestra mirada objetiva sobre que estamos consumiendo. El confort no solo es el gestor del sedentarismo sino de la mala nutrición y del consumo de fármacos que alivian el malestar provocado por la ingesta de comida (que no es alimento). Así comienza la asociación de consumo de alimentos industrializados con la industria farmacológica, y de su mano pasamos de consumir comida que nos enferma a consumir medicamentos para tapar los síntomas, porque si hay algo que no hacen los fármacos es curar la enfermedad provocada por el consumo de comida industrial.

A esta fábrica de la enfermedad se suma un nuevo consumo, la estética, y en nombre de la belleza se consumen suplementos proteicos altamente tóxicos para el riñón, suplementos para adelgazar que alteran la flora intestinal, y la fisiología digestiva, suplementos para la piel que lejos de revitalizarla imprimen sobre las células un desgaste metabólico.

¿En qué momento decidimos que las sustancias tóxicas formaran parte de nuestra comida, de nuestras medicinas y de nuestra higiene? ¿En qué momento interpusimos entre la naturaleza y nosotros a la industria? ¿Acaso nos convencimos a nosotros mismos de estar construyendo salud? ¿Cómo no nos dimos cuenta del abismo que se abría entre la naturaleza y nosotros?

Por muy diferente que sea la vida que llevaron nuestros ancestros y la que llevamos en la actualidad, nuestra genética no cambió en nada. Seguimos teniendo los mismos genes del hombre primitivo, y nuestros alimentos están en la naturaleza, y las medicinas están allí también. Para recuperar la salud es necesario reconocer que nuestra naturaleza es la naturaleza misma y allí están todas las respuestas.

Dr. Sergio Viale, Médico Naturópata. Psicoterapeuta Gestáltico. Consultas OnLine.
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Mail: sergioviale@hotmail.com